Gracias Curro

Cuando pienso en Curro Vázquez lo primero que me viene a la memoria es su sonrisa. Es una sonrisa pícara, de alguien que ha vivido mucho y que sabe aún más, y sobre todo, es una sonrisa sincera, que le llega a los ojos y se los ilumina. A diferencia de muchas sonrisas, que son una simple curvatura de labios.

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Curro es Curro cuando habla, en torero, armando muletas invisibles con las manos, acariciando el aire, templando la voz, la elegancia en las maneras, sin artificio. Y Curro es Curro cuando pisa, siempre torero, como si Las Ventas se formara bajo sus pies y aquellas tardes de gloria lo acompañasen a diario, porque Curro vive en torero, y es más torero en el campo que todos los demás de luces y en Sevilla.

Curro es Curro cuando te da un abrazo y te pregunta, como si lo hubieras visto ayer, como si no hubiera pasado el tiempo, y es Curro cuando te guiña un ojo desde el callejón, pese a la tensión y al estrés. Curro es Curro cuando está pendiente de cada detalle, desde el toro reseñado para una plaza de tercera hasta el aficionado que sigue al torero, y es Curro cuando se sienta a tu lado y cada palabra es una lección, de vida y de toreo. Y es Curro cuando se emociona hablando de Antoñete, de los victorinos o de Las Ventas. Y te descubres mirándole con la sonrisa pintada en la cara, sabiendo que hay momentos que no se pagan con dinero.

Hoy, después de hablar con él por teléfono y de escucharle reírse, entre pregunta y pregunta, me he vuelto a sentir nostálgica de aquellos viajes y hoteles, y de saber que por lejos que me fuera, con Curro por allí, siempre me iba a sentir como en casa. Y me he acordado de la primera vez que me senté a hablar con él, de su cercanía y de esa manera tan suya de hacerte sentir cómoda. Le he vuelto a ver acercarse, tan torero, sonriendo, con la seguridad del que se sabe dueño del misterio y le he visto sonreír. Y como aquella vez, he vuelto a entender que torero se nace, y me he vuelto a sentir afortunada por tantas tardes y tantas sonrisas, por tanto cariño.

Y hoy quiero dedicarle estas letritas con toda mi gratitud y todo mi cariño, aunque no tenga Internet ni sepa de la existencia de este blog. Porque me apetece y porque se lo merece.

Gracias, Curro.

 

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“Las pulsaciones de un torero no deben subir de 90 durante la corrida”

Poli Gallardo, foto Luis Vega

Poli Gallardo, foto Luis Vega

El torero es un hombre especial que consagra su vida, y si fuera necesario, su muerte, al toro; es alguien con una sensibilidad especial, casi mística, con la que se nace y que al final, más allá del arte y de la gloria, en vertical, bailando con la muerte, está el hombre, el torero, que con el corazón en la mano se entrega sobre el albero.

Por eso, porque la soledad es compañera de viaje y el miedo se esconde en las sombras del hotel, la preparación física debe ir acompañada de la psicológica. “Deben estar siempre muy bien atendidos sin más preocupación que el toro, para todo lo demás, está la cuadrilla y el equipo que designen para trabajar con ellos”, explica Poli Gallardo.

A sus 58 años y con una amplia trayectoria como preparador físico en el mundo del baloncesto, se ha ocupado de las carreras de Cayetano Rivera y de Morante de la Puebla. Amigo y confidente, el fisioterapeuta, que también estudia psicología, intenta aportarles “la máxima tranquilidad posible” y hace hincapié en la necesidad de comprenderles.

“Yo a veces he sido muy pesado con alguno de ellos”, comenta con una sonrisa, y confiesa que puede que la relación con alguno de ellos terminara por eso mismo. “Pero no me arrepiento de nada”, señala, y destaca la satisfacción de “obtener el máximo rendimiento de cada uno de ellos”.”Las pulsaciones de un torero no deben de subir de 90 durante la faena”, afirma, y señala que muchos tienen “mejor condición física que un deportista profesional”.

Poli destaca el trabajo cardiovascular, los estiramientos, que son imprescindibles para torear,  una dieta equilibrada y un control general de la salud. Y asegura que mientras más importante es el compromiso mejor le viene hacer trabajo físico el día antes y la mañana de la corrida. “Eliminar la adrenalina les libera de mucha tensión y eso es muy beneficioso”, comenta. Además tienen que almorzar “fuerte” y comer “cuatro horas antes de la corrida, normalmente pasta y fruta variada”.

Sobre el proceso de mentalización, señala que cada torero “tiene sus manías y sus costumbres”, añade, ya que no hay que olvidar que se juegan la vida y eso “genera mucho estrés”.