En el nombre del Arte

Morante sublima el toreo y Silveti paga el valor con sangre

Pellizco

Pellizco

Al compás alegre de los mariachis, entre ramos de flores, ramitos de romero y gritos de “Morante, Morante, torero, torero”, así recibieron los mexicanos al torero de la Puebla, quien volvía a américa tras varios años de ‘exilio’ autoimpuesto.

El coso del Nuevo Progreso de Guadalajara ha sido el primero en recibir al “más artista de los toreros”, como exclamaba Enrique Rivas, comentarista de Wradio, en esta nueva temporada que ha levantado máxima expectación. Y volvía con una de las grandes esperanzas del toreo Mexicano y último representante de la dinastía más antigua del país, el guanajuatense Diego Silveti.

La tarde estallaba en olés al compás del toreo de capa de Morante en cuanto asomó el primer ejemplar del hierro de Campo Real. En los medios, con temple y pinturería puso en pie a la plaza y como una declaración de intenciones le respondía Silveti con un quite por el mismo palo. La faena de muleta empezó con ayudados por alto con mucho gusto, con la barbilla enterrada en el pecho y con la derecha se lleva al toro a la raya del tercio en donde lo somete por el único pitón que tenía faena con el público entregado, aunque el fallo con los aceros le impidió cortar orejas.

“Mano Negra”, del hierro de Teófilo Gómez, lidiado en tercer lugar, fue el toro de la tarde y permitió a Morante lucirse con el capote. Verónicas a pies juntos de manos bajas, despacito, hasta parar al toro, galleo por chicuelinas para llevar el toro al caballo y una media de cartel, lograron emocionar a los presentes y desató la locura entre el público. La emoción recorría los tendidos a la expectativa, silencio de respeto y tarde grande cuando Morante tomó la muleta e inició la faena por alto, acompañando la embestida del toro, para pasar a clavar los pies en la arena y bajarle la mano al animal hasta romperse con él. Largas tandas de naturales, con profundidad y hondura, que hicieron estallar al público. Estocada casi entera que le valió una oreja, pese a que ya habían arrastrado al toro y seguía la petición de la segunda. El quinto de la tarde y último en la cuenta personal del torero de la Puebla se lesionó de salida al golpear con el burladero de matadores y no le dio opción. Las protestas del público y la evidente disposición del matador para cambiar al toro no llegaron a presidencia que hizo oídos sordos y no accedió al cambio. Morante abrevió.

Diego Silveti inició su primer duelo con el sevillano con un gran toro de la ganadería de Xajay y la expectación del público, muy exigente con su “heredero”. Inició la faena con gran entrega y disposición y logró algunos aplausos. La faena fue de más a menos, el público le pedía un esfuerzo a Silveti que fue abroncado y el toro ovacionado. Y si en el primero fue competencia con un quite que parecía toda una declaración de intenciones del nieto del ‘Tigre de Guanajuato’ que no quería dejarse ganar la partida en casa, en el cuarto de la tarde Silveti quiso brindar el toro a su compañero de terna en señal de respeto y admiración. Pero el toro embistió a tirones, sin continuidad y se rajó en seguida, lo que no supo ver parte del público que lo abroncó.

Por su parte el sexto toro de la tarde fue bravo y serio, de arreones bruscos, que pedía mando y mano baja y al que el torero se entregó, plantando los pies en la arena y arrimándose, dando el pecho y los muslos y el público entendió el esfuerzo. Lo pinchó. Y las ganas de no dejarse ganar la partida en casa lo hicieron regalar un sobrero que se le rajó pronto y que tuvo mucho peligro. Tiro de casta y de valor y lo inevitable, una aparatosa voltereta y una cornada en el gemelo.

Fotos de Gus Pelayo.