España está de moda

Silvia Barca en un desfile en Jerez

Silvia Barca, creadora de Basmala, en un desfile en Jerez

España está de moda. Los grandes diseñadores rinden homenaje a las costumbres nacionales y hacen mención especial al mundo del toro que cada vez tiene más proyección a nivel internacional.

Dentro del territorio español cada vez son más las firmas que encuentran la inspiración en el mundo del toro. Dos de las firmas pioneras en crear prendas y complementos basadas en este arte son Mira La Marela y Basmala quienes ya se han convertido en referencia.

Mira La Marela nace con la intención de “poner en valor el estilo español y situarlo a la altura de las tendencias italianas y anglosajonas”, explica una de sus diseñadoras, Marisa Adánez, quien nos desvela la temática de su nueva colección. “Pretendemos hacerles guiño a las ganaderías”, comenta. “Pero sobre todo va a estar inspirada en los toreros de raza gitana, la nueva colección va a tener un aire muy del sur”.

Por su parte, Silvia Padín, creadora de Basmala, ha encontrado el duende en los trajes de los matadores y busca “reinventar los complementos utilizando piezas del traje de luces”. Machos, alamares o castañetas dan forma a nuevas piezas de bisutería “con precios para todos los bolsillos”.

Ambas firmas coinciden en que sus creaciones sobre todo van destinadas a una mujer de edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta, muy exigente con la moda y que quiere darle a su estilo un toque personal. Aunque Padín pretende desarrollar en breve una línea masculina ya que considera que es un público que está “muy desatendido”.

NOVEDADES BASMALA 2012

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Naturales de cante grande

Eran las dos de la mañana. España en su desvelo rezaba a golpe de tuit un salmo de Morante y oro, mientras México empezaba a perder la fe.

El cigarrero había regresado a la Monumental mexicana cinco años después con un manso que se le rajó muy pronto. Tenía peligro ‘Villa’ y abrevió el de La Puebla con buen criterio pese al enfado del respetable. Los mexicanos son apasionados, y como una amante despechada el público de la Monumental se vació desde las entrañas arremetiendo contra el torero. Pero el morantismo por definición es una declaración de amor, y con las emociones a flor de piel y el corazón en la zurda, el torero se entregó, queriendo con palabras de poeta y regresó el hijo pródigo cinco años después.

Morante conjuró a los dioses aquella tarde que también era madrugada. Detuvo el tiempo y rompió fronteras, toreando bajo el sol mexicano a la luna sevillana, a la luz de las estrellas que guarda en el oro del vestido, en la magia de sus muñecas, que acariciaron al inválido quinto como a un recién nacido, desgranando naturales como cuentas de un rosario, devolviéndoles la fe a los creyentes.

Y estalló la plaza en un éxtasis colectivo. Miles de afionados, que abarrotaban las primeras filas de la plaza más grande del mundo, ebrios de emoción se reencontraban con el Toreo, en mayúsculas, con el duende y el romero. Y se eternizó el tiempo en la muleta de Morante. Desmayado, olvidado el cuerpo del torero, que desnudaba su alma en una sinfonía de naturales que empañó cientos de miradas en el tendido; el toque sutil, el arrebato, la torería. Morante.

Antes, El Zapata había cortado una oreja con un toreo efectista ‘marca de la casa’ deleitando al público en banderillas con el Monumental, y después el joven José Mauricio, quien había realizado una buena faena a su primero, un toro encastado y con raza que le permitió realizar una buena labor, poco pudo hacer con el que cerraba plaza.