Es Jerez

Lucía y yo

Desde hace unos años Mayo para mí esta invariablemente ligado a Jerez. Al ‘Tio Pepe’ pintado en blanco en los burladeros y a las gestas de Morante, que canta por bulerías cada vez que se abre con el capote, al fino y al catavino, a los kilómetros en coche con C. soñando faenas e interpretando pases. Piloto y copiloto. Toreo imposible “de salón” sobre el cuero de los asientos.

En mi cabeza conjugo la elegancia de los jinetes y el señorío, sin acritud, y me acuerdo de las tardes que se hacen noche y madrugada, del revuelo de volantes y los claveles en la solapa, recuerdo palabras intentando capturar gestas, la sal en los ojos y la emoción en la piel y en la garganta cuando sus tendidos se rompen a tocar las palmas.

Jerez atesora en su memoria de albero y yerbabuena algunas de las primeras veces más importantes de mi vida. Y por encima de todo, en Jerez vive Lucía.

Ella ha estado presente en casi todas esas primeras veces, con su sonrisa inabarcable y su mirada risueña, tan sincera, tan de verdad. Ella, que acaricia con su voz a través del teléfono cuando el guassap se nos queda corto, y con sus brazos abiertos cuando rompemos kilómetros y nos fundimos en un abrazo que nos roba la distancia.

A pesar de las tormentas, de las palabras enrabietadas, de la mala fe. Por encima de todo, un año después, un año más, aquí estamos.

Porque al final ella es Jerez, y es tan suyo que lo puso en mis brazos una tarde, entre callejuelas y campanarios, y lo hizo nuestro, con tanta generosidad que no hay suficientes gracias por todo; por tanto.

*Te debía unas letritas, a ti y a nuestro Jerez. Ya sabes porqué. Y que más vale tarde… 😉

 

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De hermana a hermana

De las mejores cosas que me llevo tras tres años de universidad es la sonrisa de Virginia. Porque la suya no es una sonrisa normal, de alegría, que curva los labios y termina en una suave carcajada, no, la que define quién es y la caracteriza; la que reconoces y te asusta es una sonrisa medio ladeada y macarra que rompe totalmente el rostro angelical y que le llega a los ojos, como un chispazo, un calambrazo contagioso que suele ir seguido de un comentario lapidario, cargado de fina ironía, de una mirada, de un gesto, de una maldad. De “un vamos a”, de borrar el -im, de que todo es posible, y si no, también.

La mirada limpia y la valentía de los que quieren de verdad, sin condiciones, por los poros. De los que se levantan tras cada golpe a sabiendas de que no será la última vez que aterricen de bruces contra el suelo. De ese cheque en blanco de tiempo y palabras, de momentos y kilómetros. Esa fuerza de Atlas, sosteniendo el mundo sobre su espalda, tan liviano que cabe en una botella de manzanilla que apuramos a sorbos, madrugada contra confidencias, desandando senderos en la memoria, trazando nuevos caminos, nuevos nombres, lo que es, lo que será.

A lo largo de este viaje que empezamos muchos y acabaremos algunos menos con la ilusión intacta y la amistad como primer mandamiento, he aprendido que a veces menos es más, que hay abrazos que duran toda la vida, que confiar no es perder el control sino compartirlo, que llorar no siempre es malo y que ceder no es perder, que eso es madurar. Qué los pedestales no son buenos ni para el que mira, fascinado, desde abajo ni para el que está arriba encumbrado, que las caídas son muy duras y que las luces brillan poco más allá del traje al que te he conseguido aficionar, un poquito más cada día.

Porque nos hemos reído juntas. Porque nos hemos emborrachado juntas y hemos llorado juntas. Porque hemos compartido palabras y silencios, porque eres aire fresco en la ciudad; valiente, natural e independiente en un mundo de escaparates. Porque estas ahí cuando te lo pido y cuando no. Porque borrón y cuenta nueva significa punto y seguido, nunca final. Porque te debía un par de letras, un gracias de hermana a hermana. Porque quiero y porque puedo. Porque sí.

Gracias, Vir.

A ti te escribo, Juli

El Juli visto por Juan Pelegrín

El Juli visto por Juan Pelegrín

A ti, que llevas cosida en tus carnes la verdad. Esa verdad que se paladea en silencio, a solas en una habitación oscura. Qué seca la garganta sobre el albero y nubla la mente, que acelera el pulso y corta la respiración.

Esa verdad en puntas sin ‘n’ de tardes de apretar los dientes y las manos, los nudillos blancos, aferrándose a la seda de un capote de sueños y esperanzas de un niño que nació torero y no fue niño. La mirada al frente, un paso al frente, el toro, la vida, la muerte. La verdad más allá de rezos y credos, de filias y fobias, del cambio de cromos en los despachos. La verdad de la sangre sobre el albero, las carnes abiertas, la sábana fría, la piel marcada, la cicatriz.

A ti, que derrotaste al sol que brilla sobre tu pelo rubio, conquistador de plazas, de almas. La gloria, el rey sobre el astro rey, como un apolo derrotando a la pitón, elevado sobre los mortales, majestuoso, templando el aire, acariciando, venciendo, sometiendo. A ti te escribo, y las palabras se deslizan entre mis dedos y toman forma, como un salmo de grandeza y oro, como un sortilegio recitado en voz baja, ronco de emoción, a la espera de que se consuman tantos egos en esta hoguera de vanidades y renazcas como un ave fénix, de sus cenizas.

A ti, que te mantienes erguido, con el corazón cosido a los alamares, con el alma en las muñecas sosteniendo al mundo, etéreo, como un rayo de luz que no puede quebrarse ni atraparse, puro, como la sonrisa de un niño o el primer amor.

A ti, que me arrancaste dos lágrimas en Jerez; llanto por alegrías, lágrimas de recuerdos que nacen del olvido, el corazón en la garganta, el alma acariciando la piel, versos por bulerías, tabaco y oro. Jerez, la cintura rota, el torero roto, rendido, vacío de tanta grandeza, sabio, esgrimiendo la verdad como una bandera de seda y escalofrío, abrochándose el mundo a la cintura en una media que es eterna.

A ti te escribo, Juli. Te escribo, te llamo, te pido, te rezo.

Silvia Padín

Hoy quiero presentaros a @silviabarca, creadora de Basmala, que en árabe es sinónimo de suerte. Sus diseños de inspiración taurina y flamenca, son originales y coquetos, con ese toque elegante que solo puede imprimir alguien que posee ese savoir affair con el que se nace.

A Silvia, su creadora, la conocí en Barcelona cuando La Mercé todavía era sinónimo de Tauromaquia; y de José Tomás, uno de los toreros que más le inspiran. Y en seguida me cautivó la profundidad con la que ha sabido entender la fiesta. Y como lo plasma en sus creaciones.

Pero cuando caí verdaderamente rendida a sus pies fue cuando descubrí esta pequeña joya…

Estos elegantes pendientes en plata y azabache están inspirados en el estilo de Morante y otorgan un toque de sofisticación que distingue cualquier look. Sencillos y coquetos, son ideales para lucirlos con el pelo recogido.

En todas sus creaciones encontramos esa huella íntima y personal que deja el artista en las obras que verdaderamente siente. Por eso, sus complementos hacen referencia, no solo a los toreros que desde el ruedo comparten con ella a las musas, sino a momentos y a lugares que significan algo para ella.

Y uno de sus rincones preferidos es Ronda; la ciudad soñada por Rilke que ha inspirado a generaciones de poetas, y donde “esconde” su pequeño cuartel general. En su taller, que no tiene nada que envidiar al de Papa Noel, convierte en princesas a las afortunadas que tienen la suerte de lucir uno de sus diseños, hechos del material de las nubes…

Silvia evoca la belleza profunda de la piedra vieja de sus callejuelas  y el sabor de su Feria, y de la goyesca en preciosos complementos.

Estos pendientes tan flamencos van a ser mi próxima adquisición y pensaba lucirlos en la Goyesca -al final trabajo y mi gozo en un pozo- por lo que me consolaré mirándolos y soñando con el toreo. Hasta el año que viene.

Ronda es magia y fantasía…

Disponibles en variedad de colores…

Y sobre todo, Ronda es Ordóñez…

¡¡Id eligiendo los vuestros que Septiembre está a la vuelta de la esquina!!

Pero estos complementos son ideales para personalizar cualquier estilo, romper la monotonía de la rutina e ir pisando fuerte sobre el asfalto de la ciudad…

Porque la flamenca nace…

Y SE HACE!!!

Llega la Feria

Lo bueno de que llegue la feria a la ciudad de una es que, de repente, un día, al bajar del tren camino del trabajo te sorprenden cosas como esta…

Y por muy temprano que sea o por duro que se te presente el día no puedes evitar sonreír y pensar ¡¡qué arte!!, seguido de un ¡¡ya queda menos…!! y no te das cuenta, pero invariablemente relajas los hombros, respiras hondo, acomodas el cuello y cambias el paso. Caminas con más alegría, ajeno ya al trajín de la masa anónima que pasa por delante sin detenerse, mientras a la mente te viene la imagen de alguna verónica interminable o de alguna media de cartel.

Y haces sonar el clack de los tacones en las escaleras que bajan al subterráneo, con decisión, que se funde con el pitido de tarjetas que abren y cierran puertas y con el murmullo de decenas de personas que se mueven como autómatas, rendidos ante la rutina, mientras tú, sigues contento, pensando en esa semana del calendario que tienes marcada en rojo en la pared de la cocina.

Vas con la cabeza apoyada en el cristal y la mirada perdida, soñando con el toro perfecto, con el oro de los vestidos, con el olé roto y con las palmas por bulerías, mirando sin ver, cuando algo llama tu atención, parpadeas, enfocas la mirada y otra vez…

Ahí están, sonriendo desde una pared cualquiera, en un anden cualquiera, una mañana cualquiera. Tan grandes. Tan toreros.

Y te incorporas en el asiento y les devuelves la sonrisa, te quitas el sombrero y saludas al presidente, con torería- o lo que tú supones que es un gesto de torería- mientras el resto de pasajeros parpadean, somnolientos, se frotan los ojos y te miran pensando si no se habrán imaginado ese gesto tan raro. Y alguna amiga se parte de risa.

Hoy va a ser un buen día, ya verás. Ya te ríes abiertamente mientras corres ¡qué no llegamos!, más risas, aliñadas con empujones y codazos, mucho gris y mucho negro, yo mañana vengo de rojo, piensas, que hay que animar esto. Más escaleras y pasillos, una máquina de coca-cola y otra vez…

Ahora ya nos reímos abiertamente. Mira tía, que guapo. Me dicen. Y ¿ese no es el que le puso el sombrero al toro en Gandía?. Más risas. Sube el tono de voz y la intensidad de la conversación, y otro viajero se suma a la conversación. Pues yo voy todos los años a ver a Ponce…

Una voz anuncia por megafonía, próxima parada Sant Isidre. Es la nuestra. Nos despedimos y nos bajamos. Y toca pasear hasta la redacción. Y en la parada de un autobús nos encontramos con la sonrisa más bonita del toreo…

¡Así hasta madrugar duele menos!

Yo ya he empezado a disfrutar de la feria, y acaba de empezar, ahora os toca a vosotros… ¡¡¡SUERTE!!!

Este año, en Julio

Este año la feria de Julio se me antoja más lejos que nunca. No he visto los carteles más que de refilón. No me he sentado a analizarlos, con una copa de vino y tres amigos mientras los minutos dejan paso a las horas, apurando la madrugada en cada sorbo. Ni he jugado a arreglar el mundo, tan pequeño que cabe entre las palmas, en una mesa repleta de botellas. Porque todos hemos sido alguna vez empresarios de verano, soñando con la feria perfecta.

Este año mis minutos y mis horas están alquilados en una mesa de redacción, absorbiendo experiencias entre el fluir de genios y el teclear de los que muestran el mundo a golpe de palabra y obra, sin omisión. Por eso, este año en el que el sol me hace burla tras los cristales y el mar me susurra palabras de amor al oído; me guían de lejos las luces de un traje de héroe, revestido de carne y huesos, como un faro de cristal, tan bonito como efímero.

Este año en el que me ha dado por contstruir castillos en el aire, por volver una y otra vez a aquella playa a la que no te llevé sino en mis sueños, por echarte de menos, y no buscar ese sí por miedo al no; el ruedo se me antoja más que nunca metáfora de la vida, de miedo y de dudas, pero también de alegría y de pasión.

Este año la plaza es más que nunca refugio, un alto en el camino, el oasis contra la rutina y el estrés. Es la arena del reloj que deja de caer, el tiempo convertido en latidos, en pulsaciones. Es una mirada, un segundo, la respiración contenida, el silencio. Lo más hondo, lo más primitivo. Una exhalación. Y de repente, el mundo vuelve a girar a su ritmo. Pero yo ya he recuperado el mío, envuelto en seda y grandeza, para seguir arráncandole naturales al toro de la vida.

Este año, en Julio, palmas por  bulerías, soleares de cante jondo, el mundo por montera y el corazón en las palmas. Este año, en Julio.

Maxibolso, también con sabor taurino

Estamos a punto de llegar al punto álgido de la temporada, las ferias se suceden sin descanso, una detrás de otra y no nos queremos perder ni una. Sevilla, revestida de volantes y farolillos nos espera ahora en Abril; y en Mayo, la elegante y clásica plaza de Las Ventas y la ‘solera’ de Jerez.

Para las ‘viajeras’ que no se vayan a perder ni una, os aconsejamos los maxibolsos con sabor taurino para que no se os olvide nada.

Para ir marcando el paso, con fuerza, llevando la afición por bandera, este bolso ‘en capote’ o ‘en muleta’ de Mira La Marela es uno de los preferidos por las aficionadas. Bonito, torero, y lo más importante, te cabe todo.

Y si lo que buscas es un estilo más elegante y discreto, no puedes dejar de ver estas dos joyas de Dior y Loewe respectivamente que marcan la diferencia.

Y tan importante es el bolso en sí como su contenido. Ya que el objetivo principal es aguantar todo el día sin que las horas se reflejen en nuestro aspecto exterior.

Maquillaje, perfume, crema de manos… el neceser es imprescindible en cualquier bolso femenino, sobre todo, si se planea aguantar todo el día sin volver al hotel. Imprescindible ibuprofeno o similar y compeed ampollas si se quieren lucir tacones. Qué los hay muy toreros esta temporada!

Pero no solo tacones, también encontraréis bailarinas de inspiración taurina como estas y aunque los tacones estilizan, tarde o temprano se agradece llevar unas bailarinas en el bolso.

También son imprescindibles en una tarde de toros el abanico y el pañuelo, cada uno en su estilo, marcan la diferencia. Los hay de luces, goyescos, de feria… para todos los estilos.

Y para guardar la entrada, estampas para tu torero, fotos de las amigas, novio y sobrinos, tarjetas y demás sin perder el sabor taurino.

Porque el toreo no es una afición, es un estilo de vida y nosotras lo lucimos mejor que nadie.

Torera, flamenca y siempre personal, Cris en Jerez

Y como consejo adicional, no os olvidéis la cámara ni el cargador del móvil, seguro que lo vais a necesitar!