Farru, Flamenco Puro I

 

Antonio Fernández Montoya ha heredado el baile, el nombre artístico de su abuelo y el peso de la leyenda de una dinastía que es historia viva del flamenco. La sangre manda. Camina despacio, con una elegancia genuina que atrae todas las miradas, habla con suavidad y sonríe con calidez mientras coge la guitarra. “Es que no se ponerme para una entrevista sin ella”, dice con guasa mientras se sienta y acaricia las cuerdas con maestría. 

P. Vienes poco a bailar a Valencia, ¿Crees que hay menos afición al flamenco en el Levante?

R. Pues no debería porque en el Levante hay mucha tradición de flamenco, hay cantes característicos y esta zona ha aportado mucho, pero sí, es verdad que últimamente no vengo mucho (ríe)

De mirada limpia y risa fácil, el sevillano transforma la entrevista en una conversación “entre amigos” mientras acompaña las palabras de acordes de guitarra o nos enseña lo que es un “compás flamenco bien hecho”.

P. ¿Crees que se valora más a los flamencos fuera de España?

R. Dicen que nadie es profeta en su tierra. A mí, gracias a Dios, se me valora en todos los sitios y no me falta trabajo así que no me puedo quejar, pero el flamenco es muy nuestro y a lo mejor, como lo hemos tenido siempre, le damos menos valor del que tiene realmente.

P. Estás a punto de estrenar un nuevo espectáculo, háblame de él.

R. Iba a presentarlo este año pero por falta de tiempo lo hemos aplazado para principios del que viene. Se va a llamar Flamenconcierto y va a ser más parecido a un concierto, voy a tocar todas las ramas del flamenco y a hacer cosas que me encantan, y que no he hecho hasta ahora.

P. Y he oído que vas a cantar…

R. (Se ríe) Eso se me escapó en una entrevista y está todo el mundo preguntándome. No es que vaya a cantar por obligación; a mi me gusta mucho cantar, igual que tocar la guitarra, pero soy bailaor, no cantaor y le tengo mucho respeto al flamenco. Otra cosa es que si un día me sale porque me apetece, cante. Pero no voy a cantar en todos los sitios.

P. ¿Cómo te preparas antes de subir a las tablas?

R. Me gusta estar un rato a solas y concentrarme. También soy muy creyente así que le encomiendo mi baile a Dios.

P. ¿Qué intentas transmitir desde las tablas?

R. Pues depende de cómo me sienta ese día, yo soy muy auténtico y bailo con mucha verdad entonces, si estoy enfadado bailaré con más rabia y si estoy alegre, con alegría.

P. ¿Qué aporta el flamenco a tu vida y que aportas tú al flamenco?

R. Yo al flamenco no podría decirte lo que aporto, espero algún día haber dejado mi granito de arena. Pero el flamenco a mi me lo da todo, es mi vida. Si no existiera el flamenco, yo no podría vivir.

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