Morante, califa en Córdoba

Hoy te vi y no atiné a decirte nada. Volví a sentirme como aquella niña que te miraba de lejos, pequeñita, ante tanta grandeza. Hoy te vi y sólo pude darte un beso e irme. No fui capaz de sostenerte la mirada, para que no me vieras llorar.

image

Te vi de pie, erguido como un roble milenario, con los pies clavados en el albero, como si fueran raices agarradas a la tierra, y fue como verte por primera vez de nuevo, como abrir los ojos al primer amanecer del mundo y contemplar la intensidad de sus colores reventando el cielo, como quien regresa al lugar dónde fue feliz y cierra los ojos y llega al edén.

image

Y así como te vi te veo cada vez que cierro los ojos, exquisito, irrepetible, inalcanzable, insultantemente torero, inventando los mares y los vientos, el agua para la sed. Quién sabe qué dioses paganos se sientan a tu mesa, qué misterio te envuelve cuando te encierras en la penumbra, en el despacho de Joselito ‘El Gallo’, envuelto en humo y grandeza, a soñar el toreo.

Te veo, puro genio, cosiendo en cada lance miles de corazones, nuevos apóstoles, bendita locura más allá del tiempo, sembrando sueños en la arena cuando te entregas entero, sin guardarte nada, ni siquiera la vida.

Cierro los ojos y te veo, envuelto en seda, oro y misterio, tan leve, sujetando el mundo con las yemas de tus dedos, la fragilidad de tu mirada, tan profunda, el deje de cante grande de tus maneras. Tan torero.

Y no queda nada por decir, si todas las palabras suenan vanas cuando las mido con la inmortalidad de tu capote inabarcable, cuando las palabras no alcanzan porque se escriben con sangre en el albero, porque tu toreo se sabe y se siente, pero no se explica. No hay poetas que te canten, Morante, porque habría que inventar palabras nuevas para describirte.

Bendito seas.

Anuncios

Un año más

Córdoba

A partir de marzo mi agenda se complica. De repente mi calendario se tiñe de colores: rosa para las tardes imprescindibles, azul para las posibles y rojo para las que son complicadas pero no acabo de descartar. Porque siempre me ha costado mucho decirle ‘NO’ a Morante, y con los años más; tal vez porque empiezo a darme cuenta de lo efímero que es esto y de que El Rey del Toreo solo será eterno en nuestra memoria.

De repente mi vida se convierte en un trajín de maletas y billetes de AVE, de coches, de aviones y de autobuses. De encuentros con amigos y con futuros amigos, porque hay desconocidos que te marcan desde el momento en qué los conoces y sabes que los quieres en tu vida.

Cerrar los ojos en Madrid para despertar en Córdoba, dejarse mecer en una verónica tan lenta que podría servir de cuna para un recién nacido, dejarse gobernar por el califato de sus muñecas, que nos guía por la piel de toro.

Morante convertido en mapa y en asta de bandera, en camino y en vereda. Siguiendo sus pasos como apóstoles modernos, bendita locura. Yo creo.