Guía para el aficionado 3.0

-Deberá llevar una blackberry (iphone, android o similar) con conexión a internet e informar permanentemente por twitter.

-Participará en los debates tuiteros.

Seguirá a cuentas relevantes como @zabaladelaserna, @berrendita, @asantiagoloro, @JMManzanares, @MMartinezErice… y comentará lo que sucede con ellos. Si te responden, mejor.

-Tener un blog en el que analizar lo que pasa a tu alrededor. En la plaza y fuera de ella. Al aficionado 3.0 todo le llama la atención.

-Llevar siempre la cámara de fotos. Si la tarde es mala, te entretienes; y si es buena, tendrá cienes y cienes de fotos para comentarlas y subirlas a flikr.

-Tendrá siempre un ojo puesto en el ruedo, y otro en el callejón. Qué no se te escape una.

-Acudirá por la mañana al sorteo y si puede se pegará al ganadero y al mayoral, si no,  escuchará a los mayores para enterarse de las cualidades del toro, de la ganadería…

-Irá a comer a los sitios ‘taurinos por excelencia’ de alrededor de la plaza para no perder el ambiente y la conversación y a la vez enterarse de lo que se cuece por los mentideros del Planeta Toro. Destaco el Puerta Grande en Sevilla o Casa Toribio en Madrid, en donde el rabo de toro, es exclusivo de la plaza.

-Y después de los toros, este año, la zona de Arte Taurino Tour es parada obligatoria.

-El aficionado 3.0 sabe que los toros son algo más que las dos horas de una corrida y vive “en temporada” porque coger el coche para ir hasta donde haya un cartel bueno forma parte del encanto del verano.

NOTA: El aficionado 3.0 no firma con pseudónimo en blogs, twitter o similar. Eso es una cobardía. El que opina lo hace a cara descubierta y siempre con respeto porque cree en lo que dice. Y no es anti nadie.Todo el que se pone delante del toro, merece un respeto.

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#héroepadilla

Pascua de Resurrección y romería, solemnidad y alegría, saeta y bulerías, llanto y risa, el costal y la zapatilla que dejan paso a las bombillas de colores y a los ríos de manzanilla. Temporada o peregrinación. Padilla. Revestido de dios, erguido, casi místico. Siempre torero.

La cara partida, el valor y la determinación. Banderillas a la vida, burlando a la muerte, astifina, sobre la arena del ruedo que es tierra sagrada. De rodillas, como el que reza, sin más rosario que un capote y la oración muda de toreo, ofrendando la vida, a pecho descubierto.

Valencia rugiendo y arropando. Quemando demonios. Purificando. Se adelantó la ofrenda. Claveles a la virgen. Y a Padilla. Claveles en el ruedo, y en las manos. Claveles en las solapas y en el pelo. Claveles perfumando el aire. Claveles de colores. De los alamares al manto. Mañana lloverán claveles en la Catedral, hoy, bañaban otro templo, testigos de un milagro de seda y oro.

Naturales a compás de Curro Díaz

La corrida de Alcurrucén vino bien presentada, bonita de hechuras y de cara y muy astifina. Y hubo de todo. De lo mejor, para Matías Tejela; y de lo peor para Alberto Aguilar, que tuvo que “bailar con la más fea”. El comportamiento típico de esta ganadería dicta que los toros salen muy sueltos con el capote y mejoran con la muleta. Los que mejoran. Los que no, son toros con peligro y bruscos que embisten a arreones. Encastados, eso sí. Y hubo de todo.

Lo mejor de la tarde corrió a cargo de Curro Díaz. Arte y entrega, sentimiento y verdad, despaciosidad, con la mano baja, arrastrando casi un tercio de la muleta por la arena, componiendo el cuerpo, con ritmo, con compás. Carísimos naturales que levantaron a la plaza de los asientos en la ovación más cerrada de la tarde. Una faena de pinturería y sabor que puso a todos de acuerdo y que le valió una oreja.

Su primero fue un toro manso, paradito y mirón al que le costaba mucho embestir y con peligro con el que no tuvo opciones.

Por su parte Matías Tejela también arrancó una oreja a su primero. Voluntarioso y animado el madrileño ante un toro que repetía, al que supo hacerle las cosas. Faena larga con variedad de pases y adornos que caló en los tendidos y le valió el trofeo.

No pudo abrir la puerta grande pese a sus esfuerzos. Salió con ganas el madrileño en el quinto, pero no hubo comunión con el animal y no pasó de correcto.

El peor lote con diferencia le correspondió a Alberto Aguilar. Sus dos toros fueron muy brutos que llevaban siempre la cara alta y con un peligro sordo que impidieron que el madrileño pudiera hacer otra cosa que arrimarse, tirar de casta y de valor y enseñar al público que sin material no caben los milagros.

Román conquista Valencia

Novillada de lujo la de El Parralejo que permitió al aficionado disfrutar, no solo del entusiasmo, las ganas y de la buena labor de las tres promesas del toreo que lidiaban hoy, sino también de la bravura, la nobleza y la calidad de los animales, que no hay que olvidar que son el centro de la Fiesta.

Se llegó a pedir el indulto al cuarto toro de la tarde, de nombre ‘Brevito’. Premio excesivo en plaza de primera para el que de todos modos fue un gran ejemplar que apretó en varas y repitió en la muleta de Conchi Ríos que firmó una faena irregular en la que el animal la desarmó, situación que resolvió arrebatándose y firmando una serie con la izquierda con profundidad y temple.Con el que iniciaba la tarde, el único que bajó la nota de la excelente novillada, no tuvo opción. El animal estaba totalmente descoordinado de atrás y manseó. Y sin material, no pudo hacer nada.

La faena de la tarde, la firmó el novillero local, Román, ante otro excelente novillo y el que más calidad mostró en la embestida. Firmó tandas excepcionales, ligadas, templadas, profundas, con la mano muy baja, despacito y entregado. Dándose en cada pase a su público, a su gente y demostrando, en su segunda novillada con picadores, porque está en el cartel. A la hora de matar, se tiró con el alma y clavó hasta la bola. El presidente premió la faena con una oreja aunque era de dos. No pasa nada, la faena, ahí queda. Lo mejor de la feria hasta el momento sin duda.

Su segundo fue un novillo más complicado que no le permitió lucirse como, sin duda, le habría gustado, pero le plantó cara con valor, toreando en vertical y ciñéndose las embestidas a la cintura. Se volvió a tirar con todo a la hora de matar y el novillo lo enganchó rasgándole la taleguilla, por suerte, sin más consecuencias. El público quiso premiar el valor y las ganas que demostró Román y a la vez corregir el error del primer toro y le pidió la oreja que no fue concedida. Pese a todo, dejo firmadas dos muy buenas actuaciones en su paso por la feria de Fallas que permiten ilusionarse al aficionado.

Por su parte, Fernando Adrián fue ovacionado y dio la vuelta al ruedo en cada uno de sus novillos. En su primero, que era bastante noble, “ se montó encima del toro”, toreando entre los pitones y mandando y consiguió tandas de calidad, muy ligadas pero echó a perder la faena por errar con la espada. Y su segundo fue un novillo más complicado que cabeceaba y no tenía ninguna fijeza con lo que tuvo que tirar de oficio y consiguió, tras mucho esfuerzo, meterlo en la muleta y pegar un par de tandas buenas y adornarse.

Orejas con alegría

Calurosa la segunda del abono fallero en todos los sentidos. Brillaba el sol y los tendidos, a rebosar de público dispuesto a pasarlo bien y a disfrutar con los mediáticos.
El tirón taquillero que tienen El Cordobés, Rivera Ordóñez ‘Paquirri’ y El Fandi justifica en gran medida los cinco apéndices que han paseado los matadores, que si bien quizás no resisten un análisis artístico o técnico, se explican por la disposición y las ganas de los toreros junto con las ganas de pasárselo bien de la gente que abarrotaba los tendidos. Gritos de ¡guapo!, ¡guapo! Proferidos por algunas peñas de sol, que bien podrían venir de una despedida de soltera por los cantos y la fiesta; y en general, poca exigencia a los matadores.

De la corrida de Jandilla, hay que destacar la movilidad de los toros que permitió faenas largas en el tercio de muleta y el lucimiento de los matadores en banderillas con lo que el público enloqueció.

El Fandi, es un torero que ha evolucionado en positivo. Se ha asentado, siempre en su estilo, y ha adquirido más soltura y variedad con el capote. A su primero, al que le arrancó las dos orejas, lo recibió con una larga cambiada de rodillas y luego siguió con chicuelinas arrancando la ovación más fuerte de la tarde hasta el momento. Y después hizo las delicias en banderillas. Tras un tercio vibrante que levantó al público de los asientos y que hizo sonar la música, decayó un poco la faena con la muleta que no pasó de voluntariosa y vistosa. Y tras la estocada, dos orejas que le valían la primera Puerta Grande de la feria.

Y en su segundo, David volvió a enloquecer al público en su mejor tercio que son las banderillas. Espectacularidad, vistosidad y mucha preparación física para correrle al toro de espaldas, pararlo con la mano o ponerle un sombrero cordobés. El público en pie coreando su nombre y el torero disfrutando. Si hay algo que me gusta de este hombre, es la sonrisa que tiene mientras torea, se lo pasa bien y se nota. Contagia al público su alegría y sus ganas y eso, al final, se nota.

Y al Fandi lo acompañó en hombros ‘Paquirri’, con club de fans incluido en el tendido de sol que no dejaban de piropearle y de corearle los pases, fueran buenos o no. De la primera faena hay que destacar la estocada, que puede ser la mejor de la feria, que fue fulminante y le valió la oreja. Y de la segunda, plagada de altibajos y de enganchones, hay que destacar su desplante final, de rodillas, dándole la espalda al toro.

Por su parte, El Cordobés, que si bien empezó haciendo las delicias del público con su habitual gracia y simpatía, en una faena larga, de muchos pases, aplaudidos y cantados por el público con la alegría habitual de estas tardes y que enloqueció con el característico salto de la rana, lo que le valió una oreja; no pudo acompañar en hombros a ‘Paquirri y a El Fandi ya que su segundo fue un toro totalmente manso que se defendía con el que no pudo hacer nada.

Érase una vez…

Érase una vez una niña que quería ser periodista taurina.
Esta niña tenía un par de amigos que querían ser toreros, y que para ello iban a la escuela taurina.
Un día, esta niña fue a una capea con estos amigos, y uno de ellos le propuso que le pegara un par de pases a un eral.
Sobre el papel, el animal no parecía muy peligroso, no era muy grande y casi no tenía pitones. Así que aceptó y aunque no sabía ni sujetar la muleta, fue hacia donde estaba el animal, mientras sus amigos y el padre de uno de ellos le indicaban desde el burladero.
El resultado: el esperado. Revolcón y al suelo. Cuestión de orgullo. Otra vez. Al suelo.
– ¡Ay! ¡Au! ¡Joder! -cojeando al callejón; risas.
– Mañana vas a tener las piernas… como para ponerte un vestido -más risas; y guasa, mucha guasa
– Joder, es que no me habéis ayudado nada…
– ¿A qué no se puede decir desde la barrera lo que tienes que hacer?
– No…
– Pues eso es lo que hacéis los críticos!

Sin palabras.
Lección 1 aprendida.

"Fiera corrupia"

Uno que sabe