Llanto en seda y oro

Siempre es difícil decir adiós, cerrar un capítulo de una historia cuando no se está preparado para ello. Cuando aún quedan cosas por decirse. Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales, no le quedan dos puntos suspensivos, canta Sabina.

Pero cuando te los quitan a empujón y puñetazo duele aún más, si cabe. Porque sabes que aún quedan cosas por pasar, por ver, por sentir. Cuando la política se vuelve dogma y una minoría decide nuestro destino, en aras de un progresismo, que huele a fascismo y a basura electoral.

Cuando el que te ha de proteger te traiciona, el alma te duele y gritas, pides justicia y libertad, pero entonces, como ahora, solo el eco en el silencio te devuelve el desgarro de tu voz en el vacío. Porque no buscan debate, ni consenso, ni llevar a cabo mejoras. Es una dictadura de aquello que consideran políticamente correcto. “Porque yo mando y mi opinión es la que vale, y si no te gusta, te aguantas”.

El 25 de Septiembre en Barcelona un grupo de chupópteros del sistema y embaucadores de la palabra, habrán logrado su objetivo. No se celebrarán más corridas de toros. Por una cuestión política, de nomenclatura; porque la llamada Fiesta Nacional hace referencia a España, a un país al que, aunque les pese, pertenecen. Es una cortina de humo nacionalista para mantener activo al votante que empieza a darse cuenta de que el deseado Estatut no va a llegar; es una pantalla espejo en el que ven un reflejo de la ansiada autodeterminación. En el que se ven “en David”, derrotando a Goliat en una epopeya imaginaria. Es simplemente propaganda. Pero, para conseguir esa foto que enmarcar, esa dudosa victoria y un puñado de votos, no han dudado en golpear vilmente al pueblo al que juran defender y representar.

Porque el Mundo del Toro es algo más que las dos horas que dura una corrida. Porque el aficionado podrá ir a otras plazas, pero ¿Quién le devuelve a ese padre de familia su puesto de trabajo en estos tiempos que corren? Ni Montilla, ni Durán i Lleida, ni nadie. ¿O los animalistas van a ocuparse de financiar la ganadería de ese otro hombre que no sabe como va a seguir manteniendo a sus animales? Tampoco. Entonces, ¿De qué victoria estamos hablando? ¿Moral, tal vez? ¿De qué moral? ¿Dónde está escrito que la tuya sea mejor que la mía? ¿Dónde queda el respeto? ¿Y la libertad? Yo te lo diré. Están agonizando sobre el albero de la Monumental; como un pez fuera del agua, boquean, tratando de encontrar algo de oxígeno en una verónica que se recuerde, en el eco de una plaza que pronto estará vacía. Para que quede grabada. Para que la apoteosis sea tal que el tiempo no pueda borrarla, que no difumine el sentimiento de pérdida. Para que los esfuerzos no cesen y siempre queden románticos, como yo, que luchen porque eso cambie. Porque se desande el camino malandado y nos devuelvan lo que es nuestro.

Por eso, yo, el 25 de Septiembre, en Barcelona, una vez más, pediré LIBERTAD.

Marta Girona.

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