“Soy un poco difícil para mí y me exijo mucho en el toreo”

Morante de la Puebla destila torería de una manera incomprensible: el compás de sus muñecas se fragua al amparo de las marismas del Guadalquivir. Una tierra que huele a romero y a azahar, donde aún hoy se esconden sus musas. Una tierra que oculta ese ‘duende’ que Morante eleva a un toreo que acaricia el alma y envuelve los sentidos, como el humo del habano que, prendido a sus labios, musita secretos en cada bocanada. Y fue allí, en Puebla del Río, en el número 16 de la calle Cervantes, donde Morante dio sus primeros pasos.

“Yo nací torero”, explica en tono bajo y pausado, despacio, como torea; “porque se torea como se es”, asegura. No tenía antecedentes familiares y, sin embargo, todas las navidades lloraba porque no le regalaban un traje de torear que había visto en un mercadillo. Y no quería reyes. Hasta que no tuvieron más remedio que comprarle ese primer vestido que ya auguraba lo que el tiempo y el toro se encargarían de confirmar. Había nacido un príncipe del toreo sevillano que vendría a reclamar para sí su soberanía aquella tarde de abril en la que abrió la Puerta que mira al Paseo Colón, al Guadalquivir y a Triana, en la que fue elevado al cielo como el paso del Cachorro, entre olés roncos de emoción porque Sevilla por fin se quitaba el luto por la retirada de Curro Romero.

Alegre amargura. De sus inicios guarda un recuerdo bonito cargado de emociones,“de mucha ilusión aunque también de preocupación y de sacrificio”, explica, aunque matiza que no era un sacrificio “con amargura, sino cargado deilusión y de alegría ya que veía que de verdad podía ser torero y eso para mí era lo más importante”.
“Yo lo tenía clarísimo”, explica José Antonio Jiménez ‘Lili’, banderillero, hombre de confianza y compadre de Morante, quien le ha acompañado desde que empezó como novillero con caballos. “Es el mejor torero que yo he visto; es más, creo que su toreo hapasado una línea que lo ha convertido en el mejor torero de la historia hasta el momento, con el permiso y el respeto a todos”, afirma con rotundidad. Según sus palabras, ha habido grandes toreros como Antonio Ordoñez, “que probablemente ha sido el mejor antes que Morante”; pero a día de hoy, “nadie ha toreado los toros que ha toreado Morante, ni en las plazas en las que lo ha hecho”, sentencia.

Morantismo. El cigarrero convence a aficionados y críticos por igual y ha puesto de acuerdo a aficiones tan distintas como la madrileña y la sevillana. “Es un torero que invita a coger el coche para seguirle a donde vaya. Por si acaso.”, comenta un aficionado esbozando una sonrisa cómplice. Ese “por si acaso” esconde la posibilidad de que aparezcan las musas o los duendes, de que embistan los toros y, en definitiva, de que suceda ese algo tan real como inexplicable que se traduce de su toreo y que solo puede catalogarse como el arte en su máxima expresión.“Además Morante es un torero que nos llena a todos los toreros”, explica su apoderado Curro Vázquez, ya que es “distinto” y además tiene “mucha afición y admiración hacia el toreo y eso lo refleja tanto en la plaza como en la calle por lo que además es una persona que te llena cuando le conoces”.

José Antonio. Tras Morante, el torero, está José Antonio, un hombre tímido y reservado al que no le gusta “hablar mucho” y que se define a sí mismo como alguien muy “sencillito”: “Quizás soy un poco difícil para mí ya que me exijo y me hostigo mucho con todo lo que tiene que ver con la profesión y con mis cosas”. Pedro Marqués, uno de sus mejores amigos, explica que a nivel personal es “de lo mejorcito que hay”, aunque “tiene que tener confianza para abrirse” y destaca que, aunque el torero tiene su leyenda alrededor, es una persona “muy simple y muy normal”. Pero también tiene “un mundo propio” y le gusta “estar en la marisma, cerca de su río y ver vídeos de faenas antiguas; se fija en detalles que quizás pasan desapercibidos para otros”, comenta Marqués:“Para él el toreo siempre está presente”.

“Torear es una cosa muy complicada y a la vez muy fácil”, dice entre risas José Antonio. “Yo no te lo podría explicar pero hay un libro muy bonito que se llama ¿Qué es torear? de Gregorio Corrochano que es de los libros que merecen la pena leer”, añade, y comenta que le gusta leer “un ratito antes de dormir”. Pero, por encima de todo -y dispuesto a hacer bueno el dicho de “el torero propone, Dios dispone y el toro descompone”-, está el animal, que en muchas ocasiones se ha encargado de cubrir de sombras la tarde y solo ha permitido fugaces destellos de torería: detalles cargados de ‘duende’ y de embrujo que han dejado al aficionado con el regusto amargo de lo que podría haber sido la tarde, y al torero con la sensación de que algo no acaba de funcionar. “Pasar supongo que no pasa nada aunque a veces parece que algo”, señala Morante resignado, ya que los toros “unos días embisten y otros no y, aunque esta temporada ha prevalecido el ‘no’ quizás este año cambie”, comenta animado ante la perspectiva de una temporada que se presenta “bonita e importante”.

“Dios debe ser muy mal aficionado”, bromea Lili, a quien también le gustaría que los toros “le embistieran más”. “Pero todo no se puede tener en la vida”, prosigue con una sonrisa y añade que de este modo “es más especial”.

El trono de Sevilla. El torero augura una temporada “cargada de ilusión y de responsabilidad” en la que quiere tratar de ofrecer “una magnitud mayor que otros años” ya que se encuentra “muy motivado y muy bien”.Al abrigo del genio, del artista, de esa dimensión que ha alcanzado que lo distingue y lo eleva, se está fraguando el que puede ser el cartel del siglo: una encerrona de Morante con seis toros en Sevilla como culminación de ese romance que empezara aquella tarde de abril. “Si me animo se hará”, apunta el cigarrero, que ni confirma ni desmiente. “Es una cosa que no sé ni yo”, continúa con la mirada perdida, sumido en sus pensamientos, rodeado de un aura de misterio y fragilidad casi mística. El matador aclara que se sabrá “poco tiempo antes del 12 de octubre”, que es la fecha que se han marcado el torero y la empresa para hacer historia. Porque, como expone Lili, hoy por hoy, si Morante no puede matar seis toros en Sevilla ¿Quién puede?.

Puro

21 de mayo de 2009, soñando el toreo en Las Ventas